Lucía Restrepo de Giraldo
Departamento de Ciencias Sociales.
Especialista en Intervención sistémica con familias.
Coordinadora Maestría en Asesoría Familiar – modalidad virtual.
En la historia del trabajo con familias, puede observarse cómo de
manera dinámica y correlativa con los cambios de los tiempos, éste se ha movido
pendularmente entre el trabajo de Asesoría familiar (Movimiento Familiar
Cristiano, Equipos de Nuestra Señora, entre otros), que apuntaba más a acciones
de consejería ejercidas bien por sacerdotes, pastores o parejas con una
formación básica en cuanto al deber ser de la familia, o bien por Psicólogos, Trabajadores
Sociales interesados en el campo y la terapia familiar ejercida por
profesionales en Colombia cada vez en mayor número, quienes han puesto el
acento de su trabajo en aquellos procesos en los que las dificultades afectan
de manera significativa la vida de las familias y requieren de trabajo
especializado.
Y fue así como se generó una dicotomía en la que o se era terapeuta
o se era orientador familiar. Con el avance del campo cada una de estas maneras
de trabajar ha ido construyendo su nicho
y entendiendo la interrelación e interinfluencia entre ellas, así como
las diferencias encuadradas especialmente en los objetivos de trabajo.
Todos quienes trabajamos con
familias, entendemos que sin contexto no hay significado y que quien se acerca
a las realidades, lo hace de manera personal, enraizada en su estructura
biológica. Sabemos también que trabajamos con la objetividad entre paréntesis
(Maturana, 1987), en razón de lo cual configuramos realidades congruentes con
nuestra propia estructura, en el campo de nuestras emociones, pensamientos y
acciones. Lo dicho hermana los dos campos de acción y creo además que la línea
sutil que los diferencia está construida con los objetivos del trabajo, las
intenciones en la aproximación y en la acción y en el contexto que aunque
comparte también una serie de exigencias éticas y estéticas, en la Asesoría Familiar
es mandatorio un trabajo construido participativamente, producto de diagnósticos
que emergen del trabajo con las familias grupos y/o comunidades y que derivan
en planes, programas y/o proyectos autogenerados y generadores, autogestionados
y propositivos.
El Asesor familiar como diría Bateson (1990), tiene un deber muy claro consigo mismo
dirigido a encontrar sus caminos y claridades, lo que lo alista para acompañar
a otros profesionalmente a buscar sus caminos. Parafraseando a Bateson (1990) y
a Minuchin (1983), la sabiduría no solamente atañe al conocimiento de los
hechos, atañe a la conexión intelectual y afectiva con ellos. Agrega Minuchin…
cuando la técnica se guía por la sabiduría, la “asesoría” se convertiría en el
arte de curar…
El Asesor familiar como acompañante entrenado,
podrá estar al lado de las familias, propiciando, impulsando, orientando y
asegurando la posibilidad de que sus iniciativas, respuestas, búsquedas y
proyectos puedan plasmarse en realidades que apunten a su crecimiento y
desarrollo, a ampliarse en variedad y complejidad; a encontrar salidas que
enriquezcan sus relatos y sus vidas.
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